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Las chicas del mechoneo hot cuentan su historia

Elisa Vargas y Abigaíl Meier, artistas de la seducción

¿Qué es el arte?, es una ingrata pregunta y, seguro, no es lo que a Elisa Vargas le flota en la mente ahora que camina por Huérfanos con su tenida sport-elegant y una flor en su pelo hacia la primera estación de la era post parto en su película personal del camino al estrellato: el regreso de Elisa a las pistas termina con esta entrevista. La estación anterior fue más bien metafísica y ocurrió días atrás: Elisa no tenía ganas de mostrar su arte en una fiesta mechona, y lo hizo; pensó que tal vez habría prensa, y hubo; no quería figurar sólo por mostrar sus pechos en público, y es justamente por eso que hoy está aquí y esta noche será la invitada en un talkshow del cable. La próxima estación en la carretera al éxito se llamará“Elisa entra a la televisión”, o algo así. Y ella, probablemente, será feliz. Pero, ¿qué es la felicidad?, le podría preguntar un jubilado a las palomas. Elisa tiene una idea:

“Yo estoy haciendo este camino para ser una chica sexy de la televisión, muy famosa, sueño con ser del staff de Morandé con Compañía , es que ser vedette es el sueño de cualquier mujer, se siente demasiado rico seducir a los hombres, la adrenalina se traspasa. Yo sería tan feliz si… Fui tan feliz cuando Daniel Vilches me llamó para trabajar en su revista, saltaba en una pata, no lo podía creer. Fue hace como tres años. Justo ese día estaba súper depre ante la vida, acostada en mi depto, súper triste, no pasaba nada con el sueño de ser una estrella, nada, y a mí me carga la monotonía, la odio, odio todo lo que sea rutina, no lo soporto, por eso me gusta esta carrera artística. Me ilusioné tanto con ser vedette, pensé en tantas cosas lindas que iban a pasar, tenía tantas expectativas, de lanzarme a la fama, y tuve que dejar todo stand by por el embarazo. La sensación de los escenarios es genial, cuando estuve embarazada y estuve lejos de la noche, de los eventos, de las grabaciones, lo extrañé demasiado, volver a ser una mujer normal para mí fue una angustia, no hallaba la hora de volver a trabajar de retomar este torbellino. Pero aquí estoy de nuevo. No me importa lo que diga nadie, me importa verme bien, nada más, la vida es una sola y la voy a disfrutar. Ahora que volví del embarazo, estoy mentalizada en esto, en ser feliz. Yo creo en eso”, dice Elisa, y sus ojos de gato se transforman en mini pantallas que proyectan el futuro.

“Yo me veo en el estrellato mismo, desfilando por pasarelas, como una diva estable en el ‘Morandé…’, haciendo sesiones fotográficas para revistas caras, con puro estilo, ropa bonita, buenos trajes, y con mi piel bonita, gimnasio, cremas, maquillajes caros, zapatos exclusivos, tener todas esas cosas que me encantan. Siempre quise una artista famosa, mis ídolas son Madonna y Marilyn Monroe. A los 5 años me creía Madonna, me vestía como ella, me sacaba los zapatos y los tiraba lejos, y mucha gente me decía que tenía todo para ser vedette, el porte, mi metro 78, mi cuerpo, y me di cuenta que no tenía que ser una bailarina profesional con este cuerpo bonito, solo tengo que mostrarlo, sentir la pasión de la música y seducir en el escenario. La primera vez que hice un topless lo analicé, lo pensé, lo hablé con mi mamá y ella me dijo hija, tú eres joven, eres bonita, la vida es una sola y tienes que aprovechar tu juventud , y yo dije ah, bueno, genial, gracias . Yo no tengo problemas con mostrar mis pechos, pero la gente ve fotos así y piensan en la prostitución al tiro, no piensan que somos chicas decentes, y no es lo mismo ser vedettes que escorts. Me molesta que piensen eso. Soy una bailarina de fantasía, la ilusión de los sueños de los machos, pero mi cuerpo es invaluable. No es la idea ganarse el dinero así y no acepto que haya una que hace eso en mi team. No somos prostitutas, somos artistas”, cuenta Elisa, y Abigaíl Meier, su partner en el famoso topless de la fiesta en la escuela de Derecho, se suma al improvisado panel de análisis artístico-cultural en este café del centro.

Le da un sorbito a su jugo de mango y argumenta: “Yo también me siento una artista, porque interpreto lo que me gusta, hago lo que quiero y eso es lo que hacen los artistas. Yo siempre he querido ser una bailarina profesional y me veo bailando en el escenario del Festival de Viña, desde chica pienso eso, siempre. Mi ídola es la Britney Spears, me encanta su estilo. A mí no me da vergüenza hacer topless, es rico, si no te gusta no lo puedes hacer. Lo único fome de esta pega es que la gente piensa que somos escorts, y a mí me da lata por mi familia, que es muy conservadora. Ellos no saben, y parece que no se dieron cuenta que salí en una foto en el diario. Mi novio sabe, es que se dedica a lo mismo que yo, pero a él no le gusta ir a verme actuar, me deja sola, no se mete. Yo prefiero eso. Yo tengo mis valores y principios, y nunca tendría sexo por plata. Mi cuerpo es algo de uno. La primera vez que hice un topless fue hace 7 años, en una disco de Salamanca. Me odiaron, no quería, me costó, no pude bailar bien, fue un fiasco, pero me relajé con la reacción del público. Es tan rico, es como el sueño de toda mujer que los hombres te deseen. Yo también estuve fuera un año, cuando estuve embarazada, fue niñita, tendría tres años, pero ya no está aquí, está en el cielo, y eché mucho de menos todo. Yo bailo y actúo en el escenario, juego, y los hombres gritan eufóricos, y eso es un talento, y el talento no se compra, el talento es arte”, dice Abigaíl, y Elisa mueve la cabeza como perrito de peluche de taxi.

Cosas estúpidas como preguntarse ¿qué es el arte? las piensan tipos amargos y rusos con barba, tales como León Tolstoi: “El arte, en todas sus formas, hállase limitado, de un lado, por la utilidad práctica, y del otro por la fealdad y la impotencia para producir arte”, escribió antes de que los abuelos de Elisa y Abigail nacieran. Tolstoi dijo otra frase en ese mismo somnoliento ensayo: “El destino del arte en nuestro tiempo es transportar, del dominio de la razón al del sentimiento, esta verdad: que la dicha de los hombres consiste en su unión”, axioma que, curiosamente, hace pensar en un club nudista con pantallas gigantes sintonizando un partido en el CDF.

“Lo único fome de esta pega es que la gente piensa que somos escorts

Abigaíl Meier

 
 
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