Alejandro Guillier anda bien al debe
Comentario de LARRY MOE
Batallón de preguntones. “Factor Guillier” (TVN, lunes a las 23.15 horas) es un programa extraño. Claro, porque son entrevistas a destacados personeros políticos y parlamentarios, pero ejecutadas a varias voces. La de Alejandro Guillier, su conductor, es una. Las demás provienen desde el público invitado al estudio, básicamente de estudiantes de Periodismo y Derecho, dirigentes sindicales, autoridades municipales y hasta gente que no es profesional de la política.
De lo malo, poco. Algo interviene Guillier. Como para justificar el nombre del programa. Pero cositas menores. Tonteritas. Como “¿cómo le caen los peruanos, don Carlos?” a Larraín, por ejemplo. Mejor así, porque si habla más se tupe. Como cuando confundió toda la noche a Roberto Fantuzzi con Ángel, el fallecido hermano del empresario. Y, para ser un referente del gremio periodístico, se ha puesto demasiado cauto y políticamente correcto con los años. A Camilo Escalona le retiró la pregunta sobre su experiencia en los campos nudistas de Alemania Oriental porque estaba la señora del entrevistado en el estudio.
Pieza clave. Donde sí lo hace bien es como controlador de los tiempos que se toman quienes preguntan, lo que lo transforma a ratos, más que en un moderador, en un eficiente coordinador de piso. Frei quería leer una carta de un arzobispo brasileño sobre el aborto y Guillier lo paró en seco con un “apuremos la dinámica”. María Rozas, vicepresidenta de la CUT, se daba mil y una vueltas y Guillier la punceteó con un “vamos a la pregunta, que se nos va el tiempo”. Y a la diputada María Angélica Cristi la chantó con un drástico “después nos cuenta de ese congreso de concejales para que alcancen a preguntar”.
¿Factor W.C.?. Lo último. Curioso es que el isotipo del programa sea el mismo símbolo que grafica “baño de hombres”, una figura masculina roja, con cabeza redonda y cuerpo tubular. ¿Será un noble reconocimiento del programa a lo malo que es?