Locura por camión que volcó con 24 mil latas de cerveza en la carretera
Decenas de conductores aprovecharon el providencial regalo
S on las tres y cuarto de la tarde, hay un calor horrendo y hay sed. Los que tienen la posibilidad, abren la llave o van a una botillería y se hidratan. Los que manejan por la Panamericana Norte, deliran como el soldado de la Legión Extranjera que camina con sus bototitos por el Sahara clamando por una gota de agua. Hasta que, de pronto, el oasis.
El conductor primero descree porque piensa que le puede ocurrir lo mismo que al soldadito del desierto, que después de correr con la lengua afuera y tirarse el piquero, la imagen desaparece y lo único que consigue es tragar un puñado de arena. Pero lo que pasó en la Ruta 5 a la altura de Quilicura no fue un espejismo.
“¡Es un milagro!”, gritaba un hombre con la felicidad de quien hubiese sido tetrapléjico toda la vida y acabase de ponerse en pie. Pero el milagro al que se refería era mucho menos espectacular. Lo cargaba en sus manos. Eran latas de cerveza Budweiser que recogió del suelo gratis, por la poco afortunada cortesía de don Jorge Valdés, un camionero de la CCU a quien se le desestibó la carga cuando tomaba la curva del cruce de Las Esteras. Transportaba 24 mil latas de cerveza de 355 cc. y por lo menos la mitad se vino abajo. Fue como arrojarles migas de pan a las palomas de la Plaza de Armas. O el paraíso de Homero Simpson.
Camioneros, motoristas, mujeres, ilustres ciudadanos de todo tipo y con mucha sed detuvieron sus vehículos y se lanzaron en picada sobre las latas recogiéndolas desesperados, como se lanzan los refugiados sobre los camiones de la ONU. Se armó un taco tremendo y por un momento reinó el caos en forma de bocinazos y gritos varios.
“¡Están picados porque no pueden sacar cerveza como nosotros!”, les gritaba un camionero a los de más allá que no tenían idea de lo que se estaban perdiendo. “Y ahora justito que se viene el partido con Chile. ¡Qué ricooo!”, celebraba otro con la típica guata cervecera. “Alguna vez que les toque a los pobres”, comentó un tercero, que ya iba en la enésima recogida.
El “pillaje” duró cerca de media hora, hasta cuando no quedó ninguna lata con su preciado líquido adentro.
Sin embargo, un par de horas después, aún había alguien usufructuando de la tragedia del camionero de la CCU. Era Franco, un recolector de basura que guardaba lo único que quedaba: latas de cerveza vacías. “Hay que aprovechar las oportunidades que te da la life , do you understand me ? Yo no las he aprovechado mucho, you know . Me vine de Estados Unidos porque pensé que me iba a ir mejor y aquí me tienes. Pero con esto me recupero. Me dan 70 pesos por kilo de lata reciclada y mira, ya están todas aplanaditas, you see ? Un regalo”.
70
pesos dan por kilo de lata de aluminio para reciclarlas.