Buscan al guardia que colgó indignante cartel en hospital: Espérate po’ weón…
Se abrió sumario tras conocerse escandaloso video
D ías difíciles le esperan al autor del indignante letrero que el sábado pasado esperaba a los pacientes en el servicio de Urgencias del Hospital Las Higueras de Talcahuano. Era una hoja escrita a mano, con bien poco cariño, que rezaba lo siguiente: “Hora espera 4 hrs.”; y más abajo, en letra chica, pero no tanto: “Espérate po’ weón…”.
“Ese cartel simplemente no resiste análisis, tendrá las sanciones más fuertes que estén contempladas dentro de nuestro estatuto”, anuncia el director del hospital, Alfredo Jerez, después de que Verónica Guajardo, una bibliotecaria de 55 años que ese día llegó a atenderse, se enojara con el cartelito y lo hiciera público a través de la TV local.
“Para un director de hospital supera todo lo que uno se podría imaginar en un servicio de urgencia. Hemos iniciado una investigación sumaria para indagar el origen del cartel y esperamos que sea breve”, agrega el doctor Jerez.
Verónica fue el sábado a consultar por un estado gripal. “Llevaba como 45 minutos de espera cuando un guardia pegó el cartel en la pared, cerca de una ventanilla”, relata y recuerda que además de lamentarse por las cuatro horas de espera que le aguardaban, se puso furiosa cuando al acercarse leyó el “espérate po’ weón”.
“Era una falta de respeto. Allí había gente mayor, humilde y sin trabajo. Una señora con asma se retorcía de dolor. Me quedó marcado que un caballero dijo hasta cuándo abusan con nosotros . Por eso alegué, por esas personas que se quedan calladas”, explica la mujer, ofuscándose otra vez al recordar la escena.
“Le pregunté al guardia y él me respondió en forma burlesca, así que saqué el cartel, él no quería que lo tomara, pero para mí era un medio de prueba. Me acerqué a un carabinero que le explicó al guardia que no podía quitarme el cartel”, dice Verónica y luego buscó a alguien en el hospital que le diera una explicación, pero no encontró a nadie. Por eso llamó a Canal 9 Regional, cuyo equipo de prensa grabó un video con el letrerito y con los descargos de la bibliotecaria. El chasco apareció hasta en Youtube.
“Quiero disculpas, acá alguien actuó mal y la perjudicada es la gente humilde, sin voz”, reitera la mujer, quien finalmente fue atendida después de una hora y media de espera y escándalo.
-¿Había alguna posibilidad de tomarse el cartel con humor, Verónica?
-Ninguna. A mi lado había una señora retorciéndose.
El director del hospital ayer pidió disculpas públicas a Verónica, aunque comentó que el origen del problema habría estado en un funcionario que no es de planta.
Contó que, hasta donde ha sido informado, el papel fue escrito y colgado por un guardia de una empresa externa. Además, dijo que si bien puede haber esperas de cuatro horas, “el sábado la presión asistencial no era para esperar cuatro horas y el garabato simplemente no resiste análisis”.
Señora, ríase un poquito
Rafael Gumucio
E s curioso que los doctores llamen pacientes a los enfermos. Un enfermo es por definición alguien que no puede esperar. Es alguien que sabe por primera vez el verdadero sentido de la palabra urgencia. Someterlo a largas colas, números, huelgas y horas que cambian de hora, es una refinada tortura a la que desgraciadamente demasiados chilenos se han ido acostumbrado.
El dolor es algo que justamente no espera, ni menos la profunda humillación de necesitar que otro te dé aire, sangre, caricias y diagnósticos para seguir de pie. Fuera de tu rutina, sin fuerzas, sin poder, eres de pronto víctima de una infinita burocracia en delantal blanco para quien tú eres un problema más. Un bulto, un número, una prótesis suelta, sometida al criterio de enfermos y médicos, preso de sus extrañas agendas donde hay más de cinco compromisos por hora y veintiocho horas en un día en vez de veinticuatro.
Vulnerable como nadie, el enfermo pierde demasiado luego la facultad de reír. Es, sin embargo, lo que más necesita en su estado. Sulfurarse por un cartel que lleva un garabato bien chileno al final, es la mejor manera de agravar cualquier mal. Convocar jueces y prensa por un chiste más o menos malo no mejora a nadie. Reírse de su desgracia es desde tiempos inmemoriales la mejor manera de sobrevivirla.
El letrero es insolente
Doctor Leonardo Ristori
“El letrero es una exageración y una tremenda falta de respeto. Es insolente”, dice asombrado Leonardo Ristori, cirujano de la Clínica Indisa y quien por años fue director médico de la Posta Central. Agrega que “es cierto que en Urgencias se producen largas esperas, pero la gente no se muere en las salas. He visto a muchos pacientes exasperados, pero mientras más exasperados, están en mejores condiciones de esperar. La gente realmente grave no se desespera”.