El punto G de la economía
Antonio Gil
Como es sabido, el controvertido y mítico pornógrafo Larry Flynt, fundador de la revista Hustler , ha solicitado al Congreso estadounidense que, para salvar a la industria del “entretenimiento para adultos”, le otorgue a ésta las mismas toneladas de millones de dólares con que ha auxiliado a los fabricantes de autos para superar la crisis económica.
Los mercados mundiales se muestran cada minuto más laxos, más fláccidos y sin el menor atisbo de ese vigor que, ayer no más, los hacía levantarse y crecer, irguiéndose ufanos, adolescentes, hinchados de optimismo y firmes como rocas. Hoy asistimos a un claro caso de disfunción eréctil. El enfriamiento de la economía es observado con triste impotencia por los expertos, mientras ella les vuelve la espalda y se duerme, noche a noche, en su frígido y desesperante desgano.
En un apurado acto de salvataje, el Tío Sam ha intentado lubricar los secos amortiguadores de la industria automotriz norteamericana con ese saco de dólares. Y le busca, con encomiable afán, el punto G a una reactivación que se resiste sin dar tregua, mientras el mundo exhibe su anafrodisíaca languidez de bolsas caídas.
Los gringos pueden vivir sin auto, pero no sin sexo, ha declarado Flynt, el adalid del triple X, afirmación que, en lo sustantivo, suscribimos sin mayores reparos. ¿Qué son un Chrysler o un Cadillac comparados con las ancas paranormales de Kayden Cross o Alexis Texas? ¿Qué monos pinta cualquiera de esos cacharros al lado de las serpenteantes contorsiones de Kristal Stil? ¿Alguien duda de que Sammie Rhodes tiene más cilindrada que todas las escuderías de Daytona juntas? Y, para que nadie se sienta aquí excluido, nos preguntamos: ¿qué diseño premiado en el 2009 se acerca siquiera al full equipo de Nacho Vidal o Rocco Siffredi?
Que se sepa, nadie ha muerto nunca de una sobredosis de porno, aunque alguien haya andado peligrosamente cerca. En cambio, los idolatrados autos, de todos los años y modelos, suman más homicidios que Hitler y Stalin juntos. Tiene razón el sucio Flynt, quien se desplaza en una silla de ruedas luego de que un señor muy puritano le metiera un tiro con un fusil de guerra. Lacia, seca, evasiva, la economía del mundo está pidiendo a gritos unos cuadros plásticos al modo insuperable del clásico Andrew Blake. O, cuando menos, unas tonteritas soft, onda Tinto Brass.
No estamos afirmando que esto sea el Viagra frente a la economía cacho de paragua. Pero tampoco lo son los 4x4 ni los descapotables. Flynt, en los ochenta, ganó un bullado juicio al Estado, sentando jurisprudencia sobre la libertad de expresión, sustentada en la primera enmienda. Incluso se rodó una película acerca del caso. “Si la primera enmienda protege a una basura como yo, entonces los protegerá a todos ustedes”, dijo Flynt al salir del tribunal. Me temo, querido Larry, que de ahí a lograr los millones que buscas hay una distancia como de un millón de orgasmos fingidos y 676.500 eyaculaciones truchas.
Los gringos pueden vivir sin auto, pero no sin sexo, ha declarado Larry Flynt. Tiene toda la razón. ¿Qué son un Chrysler o un Cadillac comparados con las ancas paranormales de Kayden Cross o Alexis Texas? ¿Alguien duda de que Sammie Rhodes tiene más cilindrada que todas las escuderías de Daytona juntas?
A 20 años de la caída del Muro, Berlín se traslada a La Dehesa
Suculenta exposición de fotos sobre la capital alemana
“Berlín es hoy una de las seis capitales culturales creativas reconocidas por la Unesco. Antes, en cambio, era un territorio dividido, invadido en parte por la gris y uniforme cultura soviética”, dice Felipe Karadima, director de Extensión Cultural de la Universidad Andrés Bello, para dar cuenta de los fuertes cambios que ha experimentado esa ciudad alemana, protagonista de una gran muestra fotográfica que se presentará en el Portal La Dehesa (La Dehesa 1445) a partir de la próxima semana.
Titulada Portrait: Berlin , la exposición proviene de Alemania, tiene carácter itinerante y es organizada en Chile por la mencionada universidad y el Goethe Institut. El montaje reúne los trabajos de diez artistas alemanes que han registrado las transformaciones de la capital germana desde la caída del Muro, en 1989, y la posterior reunificación.
La exhibición se compone de 53 fotografías de diversos formatos y técnicas, en las cuales los autores inmortalizaron disímiles escenas: la fantasmal presencia de una comitiva presidencial, retratos de transeúntes, intrincados andamios de nuevas construcciones, edificaciones actuales y glamorosas actrices de la Berlinale (el festival de cine), entre otras.
Según el curador de la muestra, Matthias Harder, el proyecto convocó a fotógrafos que residen en Berlín, con el objetivo de que captaran, como habitantes y artistas, la esencia del movimiento de esa urbe.
Una de las series que acapara la atención es Searching red-injection, de Brigitte Waldach, reconocida autora que suele utilizar el rojo en dibujos e imágenes. La autora crea y captura perturbadoras escenas protagonizadas por una mujer vestida con ropa de ese color que, situada en vestíbulos vacíos de edificios históricos, interpreta a dos personajes femeninos –una niña y una adulta– que escriben en las paredes preguntas como “¿Crees tú eso?”. Los textos que reproduce la retratada están sacados de la novela Malina , de la escritora Ingeborg Bachmann.
“La conexión que realiza Waldach al usar a sujetos cotidianos en espacios vacíos provoca una atmósfera surreal y claustrofóbica, dos características que para muchas personas son también un símbolo de la ciudad de Berlín”, escribe el curador en el texto que introduce la exposición.
En otra serie, el fotógrafo Wiebke Loeper aborda la tensión entre el pasado y presente a través de una obra denominada Muelle 31 , donde confronta fotos personales de los años 70 con estampas que muestran el estado actual de su casa, que está a punto de ser derrumbada. Es así como dos imágenes componen un nostálgico díptico: en una se ve a una menor de pelo rubio empapado con shampoo y, en la otra, un par de azulejos quebrados que aluden al baño que ya no existe.
Para el curador de la exposición, esta obra permite conocer, a través de una historia individual, las tranformaciones arquitectónicas del centro de la ciudad.
El artista más ególatra
La exposición “Portrait: Berlin” tiene su cuota de egocentrismo en la obra de Christian Rothmann, quien presenta la serie “You and me”. En ella, personas comunes y corrientes son retratadas mientras sostienen un sonriente retrato del propio fotógrafo.
Junto a esas fotos, el artista exhibe otras coloridas imágenes que representan el ambiente de la persona fotografiada.
El poder también está presente: Armin Häberle concentra su foco en actos de gobierno donde los protagonistas aparecen como fantasmas debido al prolongado tiempo de obturación.