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El Nico Peric las hizo todas en dramático empate de Everton

El arquero protagonizó su propio show en el partido frente a Lanús

E n el estadio Sausalito se respiraba tensión. Se jugaban los últimos minutos del choque entre Everton y Lanús, por el Grupo 6 de la Copa Libertadores, y los viñamarinos buscaban por todos lados el desequilibrio en el marcador.

Y en el arco ruletero, Nicolás Peric parecía un hincha más. Ya con poco trabajo, el Loco rogaba por el gol de su equipo, pues la noche no había sido muy feliz para él.

Era el primer partido por la Copa del portero, pero pocas cosas le habían salido bien. Es más, en el primer tiempo tuvo con el corazón en la mano a los fanáticos que fueron a alentar a su cuadro. Y todo por su descontrol a la hora de decidirse a cortar centros y por tratar de armar su propio show.

El recuento de ese periodo era fatal con Peric: se enfrascó en discusiones sin sentido con el juez Jorge Larrionda y con uno de sus jueces asistentes, y las cuatro veces que salió a colgarse del balón generó cuatro sustos de marca mayor, siendo el último el peor de todos.

El primer lapso estaba por concluir, vino un córner y el arquero no supo qué hacer. Se armó un desorden en su área, él dio tres giros sobre su eje sin despejar nunca el balón y Diego González cobró para Lanús.

La hinchada rugía por Gustavo Dalsasso, que ayer estaba sentado en el banco, porque según la rotación que Nelson Acosta hace en el pórtico de Everton, ayer era el turno de Peric. Pero él no entendía que debía dejar de salir a tontas y a locas, y terminar con los alegatos.

En el complemento, las cosas mejoraron para los viñamarinos y Ezequiel Miralles igualó a través de un lanzamiento penal. La baja actuación del Loco comenzaba a olvidarse. Y si el local anotaba otro gol, mejor aún.

En eso estuvo Everton durante todo el segundo tiempo e incluso Peric, que se concentró en lo suyo y subió radicalmente su nivel, se iluminó: a los 69 minutos, muy seguro de manos, cortó su primer centro de la noche y a los 81 salvó con un buen achique una entrada de José Sand. Después repitió la gracia frente a Diego Lagos, dando muestras de que cuando juega calladito es prenda de garantía.

Las cosas habían cambiado y el arquero soñaba con un tanto que hiciera olvidar un partido amargo, que sólo en la segunda parte le había permitido mostrar sus mejores cosas. Esa ocasión estuvo en el minuto 90, con un cabezazo de Sebastián Penco, pero Diego Valeri ahogó el gol en la línea y dio paso al lamento de Peric. La suerte no estaba con los ruleteros y el encuentro culminaría 1-1.

Era un empate triste, aunque los hinchas igual premiaron con aplausos a sus jugadores. Salvo al pobre Peric, al que le tocaron la oreja gritándole “¡Dalsasso! ¡Dalsasso!”. Cayeron algunas pifias desde la galería.

El arquero había salvado dos veces a Everton de la derrota con achiques notables, pero el tablón no se olvidaba de sus errores del primer tiempo.

Peric, obviamente, no entendía nada.

“Hicimos ver muy mal al puntero del fútbol argentino. En lo personal, hice un gran partido. Evité acciones de gol, fui factor importante en varios momentos y me sentí cómodo. Como que no entiendo las críticas de la gente”, aseguró al final del partido.

Y cuando un reportero quiso hacer picar al portero con el temita de la rotación que Don Nelson estableció en el arco, el jugador se defendió.

“Ni a mí ni a Dalsasso nos acomoda, pero yo no objetaré las decisiones de Nelson. Él es mi jefe y lo acepto, porque además yo me integré tarde a este equipo y él me acogió. Mientras yo juegue y lo haga bien, estoy conforme”, agregó el portero, justo cuando en las afueras de los vestuarios una tropa de hinchas ruleteros se tiraba encima de Dalsasso para fotografiarse junto a él.

Relator de Fox Sports no acertó una

Juan Manuel Pons, el popular Bambino, que se hizo conocido en toda América por sus musicales relatos de la Premier League a través de Fox Sports, tuvo una noche para el olvido en el duelo entre Everton y Lanús. Su principal falla fue dar con el nombre de Ezequiel Miralles, el goleador ruletero, a quien durante 25 minutos le cambió cuatro veces el apellido.

“Ahí va Millares”, arrancó su comedia de equivocaciones Pons, cuando apenas iba un minuto de juego. Luego lo llamó por “Millar”, “Milla” y “Mirallés”, antes de que su compañero Diego Latorre le corrigiera.

Miralles, ajeno a los errores, era puro lamento. “Hicimos todo para ganar, lo dejamos todo y no se dio. Ahora iremos a Buenos Aires a sacar un buen resultado, porque debemos aprender de lo que nos pasó en México (derrota por 6-2 con Chivas)”, comentó el delantero, que a los 30 recibió una patada en la cara gentileza de Santiago Hoyos.

 
 
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