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El sustituto

Madre hay una solaLeopoldo Muñoz

E n Los Angeles durante 1928, Christine Collins (Angelina Jolie) trabaja en una central telefónica y un día que llega atrasada de su empleo descubre que Walter (Gattlin Griffin), su hijo, ha desaparecido. Tras meses de desesperación y un lento actuar de la policía, los agentes de la ley le avisan que han encontrado a su vástago. El reencuentro no es el esperado, la madre no reconoce en el aparecido a su hijo y reclama a los detectives que sigan investigando el paradero de su retoño. Petición rechazada por la policía y que a Christine la convierte en una víctima del sistema.

La obra de Eastwood -el caso excepcional de un actor que se transformó en un cineasta clásico, el más cercano heredero al estilo de John Ford- por su carácter autoral ofrece múltiples lecturas en cada uno de sus estrenos, más allá de los nexos entre sus filmes. Inevitable resulta relacionar a esta película con “Río Místico”, “Un mundo perfecto”, “Crimen verdadero” y “Honkytonk Man”, al presentar la niñez como una edad inquietante que marca al resto de la existencia. Pero más allá de las coincidencias, esta trágica intriga basada en un hecho real no se limita a la recreación sino convierte al relato en una proyección contemporánea del individuo que es oprimido por el poder del Estado. Así, Eastwood expone a Christine como la heroína que gracias al instinto maternal desafía el yugo racional y masculino -representado por la policía-, una idea política que el director vincula con su mirada sobre Los Angeles. Por eso, más que un escenario -tal como lo hizo Polanski en “Chinatown”- perfila a la urbe como un crisol explosivo y que ya en la década del ’30 era un campo fecundo para la manifestación ciudadana, pero también como la trampa para los cándidos que sueñan con Hollywood.

La magnífica puesta en escena, el guión y la actuación de Jolie contienen detalles que deslumbran y que abren al melodrama a interrogantes que sólo puede responder el espectador. Preguntas que surgen casi imperceptibles como ocurre en las diferentes reacciones de la protagonista en los juicios del epílogo. De esta manera, Eastwood no sólo impacta por el conflicto que padece su heroína sino demuestra que el cine es mucho más que contar una buena historia.

“Changeling”.

2008. Estados Unidos. Director: Clint Eastwood. Con Angelina Jolie. John Malkovich, Gattlin Griffin, Jeffrey Donovan. 141 minutos. Mayores de 14 años.

El último gran mago

Magia blanca I

Gillian Armstrong (“Mujercitas”) ejecuta esta película desapasionadamente, sin la magia que rodea a la figura de Houdini, en el cual se inspira. No se logra comprender el porqué de una cinta que avanza con arritmia y desorientación, fusionando la voz en off de una pequeña psíquica con el tedio que marca las actuaciones de los protagonistas. Hay un interés por la puesta en escena, donde el encanto que se esfuma de la historia se instala en los espacios por los que circulan sus personajes, exigiendo de ellos un poco de vida donde sólo hay artificio y desafección.

 
 
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