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La historia del peruano que cuidaba Pinto Durán

Rafael Galván renunció ayer a su trabajo

H asta ayer Rafael Galván era un guardia más de los tantos que hay en Juan Pinto Durán. Tal como el resto vestía de pantalón y camisa, además de un peto amarillo fosforescente y unos lentes oscuros con marco blanco para no desteñir con las figuritas fashion de la Roja.

Calladito se dedicaba a abrir y cerrar el portón a los grandes y brillantes autos de los seleccionados. Es de bajo perfil y apenas abre la boca el acento cantado y distintivo de los nacidos en Perú lo deja en evidencia. “Mi padre es peruano y mi madre es chilena, así que tengo las dos nacionalidades. No me meto en política ni nada. El que gana, gana”, dice antes de que se le pregunte algo del partido del domingo.

Pero todo terminó. Tras advertir a los hinchas que miraban el entrenamiento encaramados en las murallas, este guardia peruano-chileno renunció.

-¿Cuándo empezaron los problemas?

-Ahora último. Es entre el guardia contratado y yo. Él me quería mandar y no estoy para eso.

Bastan unos minutos de conversación para que Rafael llame la atención y provoque comentarios de la gente que espera la salida de los jugadores. Pero a él no le interesa que lo tachen de espía o infiltrado. “No pude ver los entrenamientos”, explica.

-¿La gente lo ha molestado mucho?

-No, acá me apoyan y me felicitan. No me han hecho comentarios antiperuanos, si soy chileno y tengo hasta mi carné y todo. Desde 1993 que estoy acá.

-Para este partido, ¿por cuál país apuesta?

-Ésta es mi segunda patria y por eso tiro más por Chile. Si ganan, que ganen bien. Se ve que es un equipo más favorito en todo ámbito.

“Ésta es mi segunda patria y por eso tiro más por Chile” (Rafael Galván, guardia peruano-chileno).

 
 
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