Turrón: Si es necesario, voy a la guerra a defender mi patria
El ahora flaco humorista y su particular visión del diferendo marítimo con Perú
“Oiga, ¿ése es el humorista, el Turrón?”, pregunta una señora en pleno Paseo Phillips, a unos cuantos pasos de la Plaza de Armas.
“No lo puedo creer. Es que está muy delgado”, lanza la mujer antes de perderse entre el gentío del centro de Santiago.
Mario Moreno, el comediante callejero conocido como Turrón, está casi irreconocible. En apenas 56 días bajó 31 kilos. Si antes pesaba 129, ahora está por los 98. Todo gracias a una milagrosa dieta que -según cuenta él- tiene como base el consumo de muchísima agua al día y también influencia de la diabetes que padece.
“Algunos han exagerado la nota y creen que más o menos me estoy muriendo. Pero la verdad es que no se me ha manifestado en nada la enfermedad y si bajé de peso fue porque toda mi familia es diabética y mi papá murió de eso”, aclara Moreno. Azúcar Moreno, como quiere que le digan ahora.
“Pero estoy súper bien. Si hasta juego a la pelota. Antes me comía fácil siete panes solo en las onces y me dolían los pies de puro estar parado. Ahora como poco y camino harto”, explica el otrora orondo humorista.
Su trabajo lo hace, justamente, estando de pie. Contando chistes en medio de la Plaza de Armas, frente a la Catedral Metropolitana, junto con dos amigos, dos veces al día.
Los años han transformado a Moreno en un experto conocedor del centro de Santiago. El blanco de sus bromas casi siempre son esos dos yuntas con los que realiza su jocosa rutina, algunos desprevenidos transeúntes y, por supuesto, los peruanos que han hecho de la plaza un punto de reunión y convivencia.
“Yo siempre les tiro la talla y ellos se cagan de la risa. ¡Buena Turrón! , me dicen. Después me llaman para conversar y contarme chistes. Y yo les digo les queda poquito, falta poquito”.
-¿Falta poquito para qué?
-Para que quede alguna cagada con el tema del mar. Acá estamos muy desinformados, pero los diarios de Perú todos los días hablan de un conflicto bélico con nosotros por el mar. Deberíamos preocuparnos un poco.
-¿Qué harías tú?
-Soy reservista del Ejército. Si es necesario tomar las armas, voy a la guerra a defender a mi patria. Ganamos mar y territorio con sangre en la Guerra del Pacífico. Y si ellos lo quieren arrebatar, con sangre tendrá que ser. No les podemos regalar nada.
-¿Tienes amigos peruanos?
-Muchos. Y puedo decir que los peruanos que se juntan en la plaza están preocupados. Ya se ven en guerra. Tengo algunos amigos cuyos familiares que viven en Perú los llaman todos los días para que se devuelvan, porque va a haber guerra. Les dicen que lo antes posible, porque es guerra segura y que hay movimiento de tropas en la frontera. Eso acá no se sabe. Pero mis amigos confían mucho en nosotros.
-Pero pasarán años antes de que se resuelva algo a favor de cualquiera.
-No quiero ir a la guerra, pero ¿qué pasa si se da? Sé que nuestras Fuerzas Armadas están listas y dispuestas a defender la patria. El otro día estábamos en la plaza haciendo un show cuando justo pasó un marino. Le pregunté si estábamos preparados para la guerra y me dijo que sí, que estaban listos. La gente lo aplaudió.
“Le pregunté a un marino si estábamos preparados para la guerra y me dijo que sí, que estaban listos. La gente lo aplaudió”.