Feña y Daniela andaban con antojos en Bellavista
El tenista y la cantante optaron por pasear en una tarde gris
C erca de la una y media de la tarde, la calle Constitución, en pleno corazón del barrio Bellavista, se revolucionó. Un reluciente Porsche gris se acomodó con dificultad para estacionar y de él salieron Fernando González y Daniela Castillo, quienes de inmediato llamaron la atención de la gente que trabaja en el sector y de los escasos turistas que circulaban a esa hora.
Con la intención de comer algo rico en una tarde invernal de sábado y olvidar así la tendinopatía de rodilla que lo tendrá varias semanas fuera del circuito, el principal tenista nacional y su hermosa acompañante entraron al remodelado Patio Bellavista. Luego de recorrer por un rato los locales de artesanía, finalmente optaron por entrar al restaurante El Antojo de Gauguin, especializado en comida árabe y mediterránea.
Poco conocedores de las delicias del Medio Oriente, la pareja pidió una recomendación de la casa. Isabel, quien los atendió, les sugirió una de las especialidades del lugar: rellenitos árabes, un plato que tiene como ingredientes arroz, carne y especias en vegetales, como berenjenas, pimientos, hojitas de parra y zapallitos, pedido que complementaron con un agua mineral, en el caso del deportista, y jugo natural de frambuesa, para la ex cantante de “Rojo”.
A medida que el local se llenaba, aumentaba la curiosidad entre los que iban llegando con similares apetencias. Sin embargo, en ningún momento fueron interrumpidos y se mostraban muy relajados. Sólo María Cecilia Jadue, dueña del restaurante, los fue a saludar y a darles la bienvenida.
Mientras eso pasaba en la mesas, los cocineros le encomendaron una misión a su compañera Isabel, un autógrafo del Bombardero de La Reina. Ante la petición, Feña accedió sin problemas, le pidió a Daniela que también pusiera una dedicatoria -en este caso fue “con cariño”- y ambos la firmaron. Los chicos de la cocina quedaron felices y las meseras también. “Son muy simpáticos los dos, muy amorosos”, fue la impresión final de Isabel.
A eso de las cuatro y media, los tortolitos se retiraron del local y, al salir, automáticamente guardaron las distancias, como si anduvieran separados. Pese a esto y al riguroso negro de sus vestimentas, ya había corrido el rumor que andaban por ahí. Así que, mientras subían al auto, no pudieron evitar la petición de los últimos autógrafos y los saludos cariñosos en un día gris de antojos y delicias árabes.
Un Porsche en calle Constitución
El cuidador de autos quedó con gusto a poco
Pese a que el Patio Bellavista hace poco inauguró sus estacionamientos subterráneos, Fernando González prefirió ubicar su flamante Porsche en plena calle Constitución. Una mala decisión si pensaba que nadie lo vería. El primero que se enteró de la llegada de la pareja fue Patricio, el cuidador de autos que se encontraba a esa hora en el lugar. Cuando terminaron de almorzar y entraban al auto, Feña le preguntó a Patricio cuánto le debía, a lo que él contestó: “Lo que usted guste”. Ante la propina, el cuidador se mostró algo decepcionado. “Dos lucas me pasó”, dijo seriamente.